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Elder Scrolls

La muerte de un errante

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Información sobre el libro
ID 000ED040
Anterior Notas de Daynas Valen
Siguiente Decreto del monumento
Valor 12 Peso 1
Autor
Habilidad
Necesario para
Facción
Localización
L letter.pnga última vez que vi al viejo argoniano, me sorprendió lo vivo que parecía, incluso aunque se encontrase a punto de morir.

"El secreto", me dijo, "de permanecer con vida... no es salir corriendo, sino nadar directamente hacia el peligro. Así lo coges desprevenido."

"¿Así conseguiste encontrar esta garra?", le pregunté empuñando la pequeña escultura como si fuera un arma. La había encontrado entre sus posesiones, que le estaba ayudando a repartir entre sus herederos. "¿Esto también se lo daremos a tu primo Se Tira Desde Abajo?"

Y entonces su boca se ensanchó, mostrando los colmillos. Si no le conociera desde hacía tanto, creería que estaba gruñendo, pero sabía que se trataba de una sonrisa. Graznó varias veces intentando reír, pero acabó resollando y tosiendo, salpicando las sábanas con su repugnante sangre.

"¿Sabes lo que es eso?", preguntó entre ataques de tos.

"He oído historias", respondí, "las mismas que tú. Parece una de las garras que sirven para abrir las puertas selladas de las antiguas criptas. Nunca antes había visto una".

"Entonces deberías saber que solo le regalaría eso a un enemigo mortal. Dárselo a mi primo solo serviría para animarlo a que fuera a uno de esos túmulos a que lo parta en dos la espada de un draugr."

"¿Entonces quieres que me la quede yo?", bromeé. "¿Y tú de dónde has sacado esto?"

"Los míos pueden encontrar cosas que tu gente cree desaparecidas. Tira algo al fondo de un lago, y un nórdico no volverá a verlo nunca más. Es increíble lo que se puede encontrar cuando bajas al fondo."

Ahora estaba mirando fijamente al techo, y por la forma en la que sus nublados ojos iban de un lado para otro, sabía que estaba viendo sus recuerdos más que la piedra agrietada que teníamos sobre nosotros.

"¿Alguna vez intentaste usarla?", le susurré, esperando que pudiera oírme a través de su bruma mental.

"¡Por supuesto!", reaccionó, repentinamente lúcido. Sus ojos se ensancharon y se fijaron en mí. "¿Cómo te crees que me hice esto?", gritó, abriendo violentamente su túnica para mostrar una cicatriz blanca que formaba una especie de nódulo como una estrella en las escamas bajo su hombro derecho. "Los malditos draugr se me acercaron más de la cuenta. Había demasiados..."

Me sentí fatal, pues sabía cuánto odiaba hablar de las batallas en las que había estado. Para él, era suficiente con haber sobrevivido, y cualquier historia sobre ello no era más que presumir. Los dos permanecimos en silencio unos minutos, y su trabajosa respiración era lo único que se oía.

Fue él quien rompió el silencio. "¿Sabes lo que me inquietaba siempre?", dijo. "No saber para qué pusieron los símbolos."

"¿Los qué?"

"Los símbolos, idiota... Mira la garra."

Le di la vuelta sobre mi mano. Y en efecto, en ella había grabados tres animales: un oso, un búho y algún tipo de insecto.

"¿Para qué son estos símbolos, Deerkaza?"

"Para las puertas selladas. No basta con tener la garra. Tienen unas ruedas de piedra inmensas que hay que alinear con los símbolos de la garra para que se abran. Supongo que es una especie de cerradura. Pero no sabía ni para qué se habían molestado. Si tienes la garra, también tienes los símbolos necesarios para abrir la puerta. Entonces, ¿por qué...?"

Lo interrumpió un ataque de tos. No le había visto hablar tanto en varios meses, y sabía lo duro que esto le resultaba. Pero conocía su forma de pensar, y lo ayudé a continuar con ese pensamiento.

"¿Por qué poner una combinación si la vas a escribir en la llave?"

"Exacto. Pero mientras me desangraba en aquel suelo, lo entendí. Los draugr son implacables, pero no muy listos. En cuanto caí derribado, ellos siguieron moviéndose, sin meta ni dirección. Chocándose unos contra otros y contra las paredes."

"¿Entonces?"

"Entonces los símbolos de las puertas no eran para otra cerradura ni nada por el estilo. Solo eran una forma de garantizar que la persona que entrase estuviera viva y tuviera una mente funcional."

"Y las puertas..."

"No pretendían evitar que entrase la gente. Pretendían evitar que saliesen los draugr."

Y al decir eso, se quedó dormido. Cuando se despertó varios días después, se negó a decir nada más sobre los draugr, y si yo trataba de sacar el tema, se limitaba a hacer una mueca y a agarrarse el hombro.

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