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La dote nupcial del espectro

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"Los poetas tienen razón. La vida cambia totalmente cuando una está enamorada", dijo Kepkajna gra-Minfang, conocida en ocasiones como "Espectro". "Hace semanas que no quiero robar nada a nadie. El otro día, por ejemplo, vi la puerta de un mercader adinerado abierta de par en par, pero mi mente estaba ocupada con qué ponerme el día de mi boda".

"Llevas muchos años al margen de la sociedad", la miró su amigo Khargol con un gesto de aprobación. "Nunca me has llegado a contar qué le pasó a tu primer marido, ya sabes, el que te dio el chamán".

"Los necrófagos de las cenizas lo hicieron pedazos", sonrió Kepkajna, como en sueños. "Fue bastante triste. Pero yo ya sé que a Wodworg nunca le pasaría nada parecido. No es dado a una vida de aventuras. Prácticamente es un Imperial. De hecho, lo es. ¿Te he contado cómo nos conocimos?"

"Cientos de veces", refunfuñó Khargol mientras asía su jarra. "Él era tu carcelero, y se negó a alimentarte hasta que le prometieras que te casarías con él".

"¿Has oído alguna vez en tu vida algo tan delirantemente romántico?", suspiró Kepkajna, aunque luego su gesto se tornó serio. "Iba a decir que espero que mis viejos amigos tengan buenos deseos para mí pero, como solía decir la Vieja Bosriel, es inútil tener esperanzas por algo imposible. Partiremos rumbo a Balmora junto a los caballeros Imperiales, inmediatamente después de la boda. Pero mientras estemos en Dagon Fel, la banda encontrará alguna forma de echar a perder mi vida amorosa y de volver a revelar mi pasado. Lo sé".

Conforme se acercaba el día de la boda, Espectro podía percibir algo indudablemente siniestro en el ambiente, siempre que no se dejaba llevar por su embriagadora felicidad. Figuras oscuras parecían moverse entre las sombras y desaparecer cuando se acercaba. Además, percibió que las ropas de algunos mendigos que rondaban la casita de Wodworg no eran sino disfraces, pero los mendigos siempre salían huyendo antes de que pudiera averiguar qué miembro de su antigua banda la acechaba.

Pero esos momentos de aprensión fueron escasos. Kepkanja era realmente feliz y disfrutaba organizando la ceremonia, que se celebraría en la misma mazmorra en la que Wodworg la había tenido prisionera. Hacía muchos años que su padre había muerto, otra víctima más de los necrófagos de las cenizas, pero el comandante de su prometido accedió a ser su padrino. Por supuesto, Kepkanja tuvo que ofrecer su propia dote. Se gastó todos sus ahorros de dudosa procedencia para comprarle un regalo fantástico a su amado.

La boda habría de iniciarse a medianoche, como manda la tradición orca. Las doncellas, mujeres de oficiales Imperiales, cosían afanosamente su vestido de terciopelo rojo y filigrana dorada a mediodía. Dolcetta, una de las doncellas, comentó que había oído que Kepkanja le había comprado a Wodworg un regalo realmente hermoso, como dote.

"Déjame que te lo enseñe", se rio Kepkajna, y salió corriendo semidesnuda de la habitación hasta su escondrijo secreto. Le habían robado el regalo.

Las mujeres estaban horrorizadas, pero Espectro solo estaba irritada, no sorprendida. Era el estilo de su antigua banda, no cabía duda. Sabían que una boda sin dote trae mala suerte. Espectro les pidió a sus doncellas que la vistieran rápidamente, mientras ella pensaba qué podrían haber hecho los ladrones con su tesoro.

Toda la región estaba llena de guaridas secretas y lugares abandonados en donde los ladrones podrían haber ocultado su botín. Había lugares obvios, por supuesto, pero después de mucha reflexión, Espectro comenzó a pensar dónde lo habría escondida ella en una situación como aquella. Una de las doncellas terminó y Kepkajna les rogó que se asegurasen de que la ceremonia siguiese conforme lo planeado, y que no se preocupasen si llegaba un poco tarde. Se cubrió con un chal para proteger su vestido del polvo de la mazmorra y partió hacia la capilla de Malacath.

Espectro nunca había intentado robar a sus propios amigos y, aunque estuviera molesta porque habían intentado menoscabar su felicidad, no quería hacerles ningún daño. Su estilo pasaba por evitar conflictos, aunque sabía que sería inevitable. Las lecciones que Khargol, su mentor, le había impartido le ayudaron durante años a evitar las lanzas y espadas de los guardias y caballeros imperiales. Ahora veríamos si le permitirían sobrevivir a una guarida llena de ladrones y a los peligros desconocidos de la capilla. Y más importante aún, todo ello sin dañar el vestido.

El lugar estaba tan desolado y desierto cuando entró, que temió haberse equivocado en sus cálculos. Fue cuando dio con una pequeña estancia oculta en un largo pasillo cuando supo que estaba en el lugar indicado, y que era perfecto para una emboscada. Cogió el cofre con su tesoro, y se giró para enfrentarse a su asaltante.

Los guardias rojos Yorum y Yohr-i, gemelos y miembros de su antigua banda, estaban esperándola junto a la puerta cuando salió. Como conocían bien a Espectro, en lugar de retarla, la atacaron de inmediato. Yorum erró en su estocada mientras que Yohr-i se lanzó al asalto. Espectro la esquivó, haciéndose a un lado con elegancia, mientras cargaba su peso sobre su pierna izquierda y se inclinaba hacia ese lado para evitar el ataque de Yorum. Los mellizos chocaron entre sí y Kepkanja pasó rápidamente.

Casi de inmediato se vio bajo el ataque de Binyaar el argoniano, cuya maza se acercó hacia ella con un silbido. Nunca se habían caído en gracia. Espectro se agachó como un rayo, con lo que la maza golpeó con estruendo contra el muro de piedra. Binyaar perdió el equilibrio, lo que le dio a Espectro una ventaja de varios segundos para seguir huyendo por el pasadizo. En el exterior, ya podía olerse el aire fresco de la noche.

El último de los defensores de su dote era Sorogth, un orco con el que había mantenido un breve romance. Kepkanja sabía bien que él era el cerebro tras el robo. En cierto modo y en este contexto, pensó ella, la dedicación que mostraba por hacerla infeliz era conmovedora. Sin embargo, en ese momento estaba más preocupada en esquivar su hacha con púas, que parecía pensada para rasgar las finas costuras de su vestido, y a la propia novia.

Flexionando suavemente las rodillas y esquivando los ataques que él dirigía a su cabeza, movió la cabeza para confundir a Sorogth y hacer impredecibles sus movimientos. Comenzó a mover sus pies, convirtiéndose en un objetivo imposible. Se agachó ante sus lances, esquivó sus golpes y sus estocadas y se agachó de nuevo. A pesar de lo errático de sus movimientos, Sorogth la mantenía a raya, sin moverse de su posición, frente a la entrada de la mazmorra.

La medianoche se aproximaba, y Espectro decidió que era hora de poner fin a la confrontación. Cuando Sorogth dio su siguiente golpe, ella dio un paso a la izquierda y se agachó, con lo que el hacha de Sorogth pasó silbando junto a su hombro derecho. En ese instante, su costado derecho quedó expuesto, por lo que ella le golpeó duramente, aunque de mala gana, con el cofre en el torso. Kepkajna no tenía tiempo de ver si le había matado o si solo estaba inconsciente. En realidad, volver a la boda era cuanto ocupaba su mente.

Justo a medianoche, Wodworg y Kepkanja se unieron en matrimonio. Él estaba encantado con su regalo de dote: una exquisita armadura que haría de él la envidia del resto de carceleros Imperiales. Y se mostró aún más encantado con la historia de su mujer, que le contaba cómo la había recuperado de la capilla de Malacath.

"¿Se te pasó por la cabeza ponerte la armadura, ya que sabías que era una emboscada?", preguntó él.

"No quería abollar tu regalo", respondió ella entre besos. "Y tampoco quería que se me arrugase el vestido".

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