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Elder Scrolls

Feyfolken, Libro tercero

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ID 0001ACED
Anterior Feyfolken, Libro segundo
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F letterinalmente, Thaurbad se percató del poder de la pluma", dijo el gran sabio, continuando su narración. "Al estar poseída por el daedra Feyfolken, servidor de Clavicus Vile, le había proporcionado grandes riquezas y fama como escriba del templo de Auri-El. Pero se dio cuenta de que el artista no era él sino la mismísima pluma y él se había convertido en un simple testigo de su magia. Estaba furioso. Y celoso. Lanzando un alarido, rompió la pluma en dos.

Se dio la vuelta para terminar su vaso de aguamiel. Cuando se volvió de nuevo, la pluma seguía intacta.

No tenía más plumas, así que metió el dedo en el tintero y escribió una nota para Gorgos con grandes y torpes letras. Cuando Gorgos regresó con un nuevo paquete lleno de felicitaciones por el boletín anterior, el escriba dio la nota y la pluma a su joven mensajero. En la nota se leía: 'Devuelve la pluma al gremio de magos y véndela. Cómprame otra sin hechizos'.

Gorgos no sabía cómo interpretar la nota, pero hizo lo que se le había ordenado. Volvió unas horas más tarde.

'No nos querían dar ni una pieza de oro por ella', dijo Gorgos. 'Decían que no estaba encantada. Yo les expliqué que habían sido ellos mismos los que la habían encantado con aquella gema que poseía el alma del tal Feyfolken, pero me dijeron que ya no había ningún alma en ella. A lo mejor le has hecho algo y se ha ido'.

Gorgos hizo una pausa para observar a su maestro. Thaurbad no podía hablar, por supuesto, pero parecía más silencioso que de costumbre.

'De todas maneras, he tirado la pluma que me diste y te he traído esta pluma nueva, como me habías ordenado'.

Thaurbad examinó la pluma nueva. Era blanca, mientras que la anterior era gris. Se sentía cómodo con ella. Lanzó un suspiro de alivio e hizo un gesto con la mano para que su mensajero se retirase. Tenía un boletín que escribir y esta vez no quería ninguna intervención mágica.

Al cabo de dos días ya estaba otra vez al día con su trabajo. Parecía algo simple, pero era todo suyo. Thaurbad sintió una extraña paz cuando revisó una de las páginas y se percató de unos pequeños errores. Hacía mucho que el boletín no contenía errores. De hecho, pensaba Thaurbad, quizás hubiese algún error y él no se había dado cuenta.

Estaba dando los últimos retoques al boletín cuando llegó Gorgos con varios mensajes provenientes del templo. Los ojeó rápidamente, hasta que uno de ellos le llamó la atención. En el sello de cera se podía leer: 'Feyfolken'. Aterrado, lo abrió.

'Creo que deberías suicidarte'. Se podía leer con toda claridad.

La carta se le cayó de las manos y a su vez se percató de que el boletín sufría algunos cambios repentinos. Las palabras de Feyfolken se deslizaron desde la carta hasta el boletín, para convertir el simple trabajo anterior en una obra de arte de sublime belleza. A Thaurbad no le importó la horrible textura y calidad de su voz. Gritó largo y tendido, durante mucho tiempo. Y acto seguido bebió. Mucho.

Gorgos le trajo un mensaje de Vanderthil, la secretaria del templo, pero el escriba no tuvo el coraje de leerlo hasta pasado el mediodía. 'Buenos días, escribo para preguntar por el boletín. Normalmente está listo el turdas por la noche. Tengo curiosidad. ¿Estás planeando algo especial esta vez? - Vanderthil'.

Thaurbad respondió: 'Lo siento, Vanderthil. He estado enfermo estos días. No habrá boletín este sundas'. Y le pasó la nota a Gorgos antes de retirarse al baño. Cuando salió una hora más tarde, Gorgos acababa de llegar del templo, sonriente.

'¡Vanderthil y el arcipreste estaban como locos!', dijo. 'Han dicho que es la mejor obra que has escrito jamás'.

Thaurbad miró a Gorgos, sin entender nada. Entonces se percató de que el boletín ya no estaba. Tembloroso, metió el dedo en el tintero y escribió las palabras: '¿Qué decía la nota que te di?'

'¿No lo recuerdas?', preguntó Gorgos, intentando contener una sonrisa. Sabía que su maestro bebía de más últimamente. 'No me acuerdo de las palabras exactas, pero decía algo así como: "Vanderthil, aquí lo tienes. Perdón por el retraso. He tenido problemas serios estos días. - Thaurbad". Como escribiste "Aquí lo tienes" imaginé que querías que le llevase el boletín y así lo hice. Como digo, les ha encantado. Seguro que recibes el triple de felicitaciones este sundas'.

Thaurbad asintió con la cabeza, sonrió e hizo una señal para que el mensajero se retirase. Gorgos volvió al templo, mientras su maestro sacaba una hoja en blanco y se concentraba de nuevo en escribir.

Escribió con la pluma: '¿Qué quieres, Feyfolken?'

Lo que se convirtió en: 'Adiós. Odio mi vida. Me he cortado las venas'.

Thaurbad lo intentó de otra manera: '¿Me he vuelto loco?'

Lo que se convirtió en: 'Adiós. Me voy a envenenar. Odio mi vida'.

'¿Por qué me haces esto?'

'Yo, Thaurbad Hulzik, no puedo vivir conmigo mismo y mi ingratitud. Ese es el motivo por el que he puesto esta soga alrededor de mi cuello'.

Thaurbad cogió otra hoja nueva y empezó a escribir con el dedo, con intención de escribir el boletín por completo. Mientras que el original, antes de que Feyfolken lo alterase, era simple e insípido, este era un desastre. Las íes minúsculas sin punto, las g parecían íes griegas, las frases se metían en los márgenes del pergamino y se torcían como serpientes. La tinta de la primera página se traspasaba a la segunda. Al intentar arrancar ambas del cuaderno, casi se rompe la tercera en dos. Pero había algo del resultado final que lo hacía evocador, o al menos eso esperaba Thaurbad. Escribió otra nota que decía: 'Usa este boletín en lugar de la porquería que te envié antes'.

Cuando Gorgos volvió con los mensajes nuevos, Thaurbad le entregó el sobre. Las cartas nuevas eran todas iguales, salvo una de su curandera, Telemichiel: 'Thaurbad, necesitamos que vengas cuanto antes. Hemos recibido noticias de Ciénaga Negra sobre una cepa de plaga carmesí que se parece mucho a tu enfermedad, y tenemos que examinarte de nuevo. No hay nada definitivo, pero hay que mirar cuáles son nuestras opciones'.

Thaurbad necesitó el resto del día y quince jarras del aguamiel más fuerte para recuperarse. Pasó la mayor parte de la mañana siguiente recuperándose de este peculiar tratamiento. Empezó a escribir un mensaje a Vanderthil: '¿Qué te pareció el boletín anterior?', con la pluma. La versión de Feyfolken fue: 'Me voy a quemar vivo, no tengo nada de talento'.

Thaurbad escribió la nota de nuevo usando esta vez sus dedos mojados en tinta. Cuando Gorgos apareció de nuevo, le dio la nota. Traía un mensaje con la letra de Vanderthil.

Decía: 'Thaurbad, no solo estás iluminado por los dioses, sino que además posees un gran sentido del humor. Imagínate si usásemos esos garabatos que nos has enviado en lugar del verdadero boletín. Has hecho reír al arzobispo. Tengo ganas de ver lo que tienes preparado para la semana que viene. Gracias, Vanderthil'.

El funeral se celebró una semana después y atrajo a muchísima más gente de la que Thaurbad Hulzik hubiese creído posible. El ataúd, por supuesto, estaba cerrado, pero no impidió que los que acudieron a la ceremonia hiciesen cola para tocar su superficie de roble, como si fuese el mismo cuerpo del artista. El arzobispo consiguió lidiar con una situación tan complicada y dio un sermón mejor de lo habitual. La anterior secretaria y némesis de Thaurbad, Alfiers, vino desde Remanso de las Nubes, lamentándose y contando a todo aquel que la escuchaba que los consejos de Thaurbad le habían cambiado la vida. Cuando supo que Thaurbad le había dejado su pluma en el testamento, se puso a llorar. Vanderthil se sentía incluso más desamparada, hasta que encontró un apuesto joven y, por suerte, soltero.

'No me puedo creer que se haya ido y no haya podido verlo en persona, ni siquiera he podido hablar con él', dijo. 'He visto el cuerpo, pero no podría saber si era él o no aunque no estuviera quemado'.

'Ojala te pudiese decir que ha habido un error, pero hay muchas pruebas médicas', dijo Telemichiel. 'Yo misma he proporcionado algunas. Era mi paciente, ¿sabes?'.

'¿Cómo?', dijo Vanderthil. '¿Estaba enfermo?'

'Padecía la plaga carmesí, que hace unos años lo dejó sin laringe, pero parecía haber remitido. De hecho, le mandé una nota sobre el asunto el mismo día en que se quitó la vida'.

'¿Tú eres su curandera?', exclamó Vanderthil. 'Gorgos, el mensajero de Thaurbad, me dijo que acababa de recibir ese mensaje cuando le envié el mío, elogiándolo por el nuevo diseño del boletín. Era una obra excepcional. Nunca se lo hubiese dicho, pero comenzaba a pensar que se estaba quedando anticuado. Resulta que tenía un último toque de genialidad antes de arder de gloria. En sentido figurado... y literal'.

Vanderthil mostró a la curandera el último boletín de Thaurbad y Telemichiel estuvo de acuerdo en que su casi ininteligible estilo engrandecía el poder y la majestuosidad del dios Auri-El".

"Ahora estoy confundido por completo", dijo Vonguldak.

"¿Por qué?", preguntó el gran sabio. "Creo que la historia es bastante lineal".

"Feyfolken escribió unos boletines muy bellos, menos el último, que fue obra de Thaurbad", dijo Taksim pensativo. "¿Pero por qué malinterpretó las notas de Vanderthil y la curandera? ¿Quizás Feyfolken las cambió?".

"Quizás", sonrió el gran sabio.

"O puede que Feyfolken alterase la manera que Thaurbad percibió dichos textos", dijo Vonguldak. "¿Lo terminó volviendo loco?"

"Es lo más probable", respondió el gran sabio.

"Pero eso significaría que Feyfolken era un servidor de Sheogorath", dijo Vonguldak. "Y dijiste que era un servidor de Clavicus Vile. ¿Quién era? ¿Un ser malicioso o un loco?"

"Su voluntad fue alterada por Feyfolken, eso está claro", dijo Taksim. "Y esa es la clase de cosas que haría un servidor de Clavicus Vile para perpetuar la maldición".

"Para darle un final adecuado a la historia del escriba y de su pluma maldita", dijo el gran sabio, "os dejaré que juzguéis vosotros mismos".

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