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Feyfolken, Libro primero

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Información sobre el libro
ID 0001ACEB
Anterior Misiva del padre
Siguiente Feyfolken, Libro segundo
Valor 12 Peso 1
Autor
Habilidad
Necesario para
Facción
Localización
E letter.pngl gran sabio era un hombre alto, harapiento, con barba pero calvo. Su biblioteca se parecía a él: todos los libros habían terminado en los estantes inferiores donde se amontonaban y acumulaban polvo. Estaba consultando varios libros a la vez para la lección actual en la que explicaba a sus discípulos, Taksim y Vonguldak, que el gremio de magos había sido fundado por Vano Galerion. Tenían muchas preguntas sobre los inicios de Galerion en la Orden Psijic y en qué se diferenciaba el estudio de la magia allí respecto al del gremio de magos.

"Era, y es, un modo de vida muy estructurado", explicaba el gran sabio. "Bastante elitista, de hecho. Ese era el aspecto al que más se oponía Galerion. Él quería que el estudio de la magia fuese gratuito. Bueno, no exactamente gratuito, pero accesible para cualquiera que se lo pudiese permitir. Con esto, cambió el curso de la vida en Tamriel".

"Codificó los rituales y las prácticas que usan todos los creadores de pociones, objetos y hechizos modernos, ¿verdad, gran sabio?", preguntó Vonguldak.

"Eso es solo un aspecto. La magia tal y como la conocemos hoy día proviene de Vano Galerion. Él reestructuró las escuelas para hacerlas accesibles a las masas. Él inventó las herramientas de la alquimia y el encantamiento para que cualquiera pudiese invocar lo que se le antojase, independientemente de sus habilidades o riqueza, sin miedo a contraindicaciones mágicas. Y finalmente lo consiguió".

"¿Qué quieres decir, gran sabio?", preguntó Taksim.

"Las primeras herramientas estaban más automatizadas que las que tenemos hoy día. Cualquier persona podía usarlas sin tener la más mínima idea de encantamientos o de alquimia. En la isla de Arteum, los estudiantes debían aprender todos los encantamientos con mucho esfuerzo y a lo largo de muchos años, pero Galerion decidió que eso era otra muestra del elitismo de los psijic. Las herramientas que él inventó eran como maestros robóticos, encantadores y alquimistas capaces de crear cualquier cosa que el poseedor quisiera, siempre y cuando pudiese pagar".

"Entonces, ¿cualquiera podría, por ejemplo, crear una espada que pudiese partir el mundo a la mitad?", preguntó Vonguldak.

"Supongo que sí, al menos en teoría, pero probablemente necesitaría todo el oro del mundo", bromeó el gran sabio. "Mentiría si dijera que corríamos gran peligro, pero sí es cierto que ocurrieron algunos desgraciados incidentes cuando un paleto sin formación creó algo que se escapaba a su conocimiento. Galerion terminó destruyendo sus antiguas creaciones y creó las que usamos hoy en día. Es algo elitista y la gente debe saber lo que hace antes de usarlas, pero resultan muy prácticas".

"¿Qué cosas inventó la gente?", preguntó Taksim. "¿No hay ninguna anécdota?"

"Me estáis intentando distraer para no hacer el examen", dijo el gran sabio. "Pero os puedo contar una historia para ilustrar lo que os quiero decir. Esta anécdota en particular tuvo lugar en la ciudad de Alinor, en la costa oeste de la isla de Estivalia y tiene como protagonista a un escriba llamado Thaurbad".

"Transcurría la Segunda Era, poco después de que Vano Galerion hubiese fundado el gremio de magos y las salas capitulares se hubiesen establecido por todo Estivalia. Sin embargo, no habían llegado tan lejos como para alcanzar el corazón de Tamriel.

Durante cinco años, este escriba, Thaurbad, se había limitado a comunicarse con el mundo exterior a través de su mensajero, Gorgos. Durante el primer año de vida ermitaña, sus pocos amigos y su familia (amigos y familia de su difunta mujer, a decir verdad), intentaron mantener contacto con él, pero incluso los familiares más allegados terminan dándose por vencidos cuando no se ven correspondidos. Nadie tenía ningún motivo para mantenerse en contacto con Thaurbad Hulzik y, con el tiempo, muy pocos siguieron intentándolo. Su cuñada de vez en cuando le enviaba alguna carta poniéndole al día de las noticias más recientes sobre gente a la que él casi ni recordaba, pero ni siquiera lo hacía con frecuencia. La mayoría de los mensajes que entraban y salían de su casa eran asuntos suyos, como la proclamación semanal del templo de Auri-El, unos boletines que se presentaban en las puertas del templo con noticias de la comunidad, sermones y cosas así.

El primer mensaje que Gorgos le hizo llegar ese día era de su curandera, que le recordaba la cita que tenía el turdas. Thaurbad se tomó su tiempo para escribir una respuesta afirmativa y apesadumbrada. Padecía la plaga carmesí y estaba recibiendo tratamiento a cambio de un considerable reembolso. Tenemos que recordar que estos eran los días anteriores a la especialización de la escuela de restauración. Era una enfermedad mortal en esa época y ya había hecho estragos en su laringe. Por eso solo se podía comunicar por escrito.

El siguiente mensaje tan efímero y puntual como siempre era de Alfiers, la secretaria de la iglesia: "THAURBAD, AQUÍ TE ENVÍO EL SERMÓN DE SUNDAS, EL CALENDARIO DE EVENTOS DE LA PRÓXIMA SEMANA Y LOS OBITUARIOS. INTENTA AMENIZARLOS UN POCO. NO ME CONVENCIÓ MUCHO TU ÚLTIMA ENTREGA".

Thaurbad se había responsabilizado del boletín del templo antes de que Alfiers se uniese a ellos, por lo que la imagen que tenía de ella era puramente teórica y había evolucionado a lo largo del tiempo. En principio se imaginaba a Alfiers como una fea y gorda solterona cubierta de verrugas, pero últimamente la imaginaba más bien delgadísima e irritable. Por supuesto, puede que sus dotes adivinatorias fuesen reales y que la secretaria hubiese perdido peso sin más.

Sea cual fuese el aspecto de Alfiers, su actitud hacia Thaurbad era de firme y claro desdén. Ella odiaba su sentido del humor, siempre encontraba hasta la más mínima falta ortográfica y consideraba su estructura y caligrafía propia del peor de los principiantes. Afortunadamente, trabajar para un templo era el puesto de trabajo más seguro de la época, junto a trabajar para el rey de Alinor. No se ganaba mucho, pero sus gastos eran mínimos. La verdad era que no necesitaba hacer mucho más. Había acumulado una pequeña fortuna, pero no tenía nada más en lo que ocupar sus días. Y más aún, aparte de no tener nada más con que ocupar su tiempo y su mente, el boletín significaba mucho para él.

Después de haber entregado todos los mensajes, Gorgos empezó a limpiar la casa mientras ponía a Thaurbad al día sobre las noticias del lugar. El chico siempre lo hacía y Thaurbad casi nunca le prestaba atención, pero esta vez tenía algo interesante que contar. El gremio de magos había llegado a Alinor.

Mientras Thaurbad lo escuchaba con atención, Gorgos le contó todo sobre el gremio, el notable maestro supremo y las increíbles herramientas de alquimia y encantamientos. Finalmente, cuando el chico había terminado, Thaurbad escribió algo sobre un trozo de papel y se lo dio junto con una pluma. En la nota se podía leer: "Haz que encanten esta pluma".

"Será caro", dijo Gorgos.

Thaurbad le dio a Gorgos un puñado de las miles de monedas de oro que había estado ahorrando todos estos años y lo mandó a la calle. Thaurbad pensó que por fin podría impresionar a Alfiers y traer gloria al templo de Auri-El.

Tal y como me contaron la historia, Gorgos pensó en irse de Alinor con el oro, pero le tenía aprecio al viejo Thaurbad. Sobre todo, odiaba a Alfiers y tenía que verla cada día para recibir los mensajes que después debía llevar a su maestro. Quizás no fue por la más noble de las motivaciones, pero Gorgos decidió ir al gremio y hacer que encantasen la pluma.

El gremio de magos en aquel entonces, sobre todo en aquel entonces, no era una institución elitista, pero cuando el joven mensajero llegó y pidió usar el creador de objetos lo miraron con recelo. En cambio, cuando enseñó la bolsa de oro su actitud cambió y lo llevaron a la sala en la que se encontraba dicho instrumento.

Yo nunca he visto una herramienta de encantamiento antigua, así que debéis usar vuestra imaginación. Había un prisma enorme para que el objeto se impregnase de magia, seguramente, y una gran cantidad de gemas de alma y esferas de energía. Aparte de eso, no os puedo describir cómo funcionaba o daros más detalles. Debido a la cantidad de oro que pagó por el servicio, pudo imbuir en la pluma una de las almas más caras disponibles, una de origen daédrico llamada Feyfolken. Los iniciados en el gremio, ya que eran tan ignorantes como la mayoría de los miembros del mismo, no sabían mucho sobre este espíritu, aparte de que estaba lleno de energía. Cuando Gorgos dejó la sala, la pluma se había encantado más allá de su límite: estaba rebosante de poder.

Por supuesto, cuando Thaurbad la usó, quedó claro lo equivocado que estaba".

"Y ahora", dijo el gran sabio. "Es hora de vuestro examen".

"Pero... ¿qué pasó? ¿Cuáles eran los poderes de la pluma?", gritó Taksim.

"¡No puedes cortar la historia así!", protestó Vonguldak.

"Continuaremos con la historia cuando hayáis terminado vuestro examen, si ambos obtenéis buena nota", dijo el gran sabio.

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