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D letter.pngecumo Scotti debía estar en Gideon, una ciudad totalmente imperializada al sur de Ciénaga Negra, concertando arreglos para la mejora del comercio en la provincia en nombre de la Comisión de Obras de lord Vanech y sus clientes. En su lugar, estaba en un pueblecito medio hundido llamado Hixinoag, donde no conocía a nadie. A nadie exceptuando a un traficante de drogas llamado Quero Gémulo.

A Gémulo no le importó el hecho de que la caravana mercante se hubiese dirigido al norte y no al sur como debía. Incluso compartió su cubo de trodh, un pez pequeño y crujiente que había comprado a los aldeanos. Scotti hubiese preferido asarlos o al menos comerlos una vez estuviesen muertos, pero Gémulo le explicó que el trodh muerto y cocinado es veneno mortal.

"Si estuviese donde se supone que debería estar", se lamentó Scotti, metiéndose una de las pequeñas criaturas en la boca. "Podría estar comiéndome un asado con un poco de queso y un vaso de vino".

"Vendo azúcar lunar en el norte y la compro en el sur", dijo encogiéndose de hombros. "Debes ser un poco más flexible, amigo mío".

"El único sitio donde debo estar es en Gideon", refunfuñó Scotti.

"Bueno, tienes un par de opciones", respondió el traficante. "Podrías quedarte aquí. La mayoría de las aldeas de Argonia no se establecen por mucho tiempo, así que hay muchas posibilidades de que Hixinoag termine justo en las puertas de Gideon. Seguramente tardará un mes o dos. Probablemente esa sea la manera más fácil".

"Eso me retrasaría enormemente".

"La otra opción es unirte de nuevo a la caravana", dijo Gémulo. "Puede que esta vez vayan en la dirección correcta y no se queden atrapados en el fango. Con un poco de suerte, las nagas no volverán a atacar".

"No es muy tentador," refunfuñó Scotti. "¿Alguna otra idea?"

"Cabalga las raíces. El expreso subterráneo", dijo Gémulo sonriendo. "Sígueme".

Scotti siguió a Gémulo fuera del pueblo, hacia un pequeño bosque de árboles cubiertos con una especie de musgo etéreo. El traficante no dejaba de mirar el suelo, pinchándolo de vez en cuando. Finalmente encontró un lugar donde una masa de grandes burbujas aceitosas subía a la superficie.

"Perfecto", dijo. "Ahora lo importante es no perder la calma. El expreso te llevará hacia el sur en su migración invernal, y sabrás cuando estás cerca de Gideon cuando veas mucha arcilla roja. Simplemente no tengas miedo, y cuando veas una masa de burbujas, la puedes usar como salida: es un respiradero."

Scotti miró perplejo a Gémulo. Menudas tonterías estaba diciendo el hombre. "¿Qué?"

Gémulo cogió a Scotti por el hombro y lo colocó en sobre la masa de burbujas. "Quédate justo aquí..."

Scotti se hundió rápidamente en el fango, mirando al traficante con la cara descompuesta por el miedo.

"Y recuerda: espera hasta que veas la arcilla roja; y justo en el siguiente respiradero, empuja hacia arriba..."

Cuanto más intentaba liberarse, más rápido se hundía. El fango envolvió Scotti hasta el cuello, que continuaba mirando, incapaz de decir nada aparte de "Ooooggg...":

"Y no te asustes con la idea de que estas siendo digerido. Podrías vivir en la barriga de un gusano de raíces durante meses".

Scotti tomó una última bocanada de aire y cerró los ojos antes de desaparecer en el fango.

El oficinista sintió un calor a su alrededor que no se esperaba. Cuando abrió los ojos, vio que estaba completamente recubierto de una capa traslucida y que viajaba rápidamente hacia el sur, volando por el barro como si fuese aire a través de un intrincado túnel de raíces. Scotti se sintió eufórico y confuso a la vez; avanzaba velozmente en un terreno totalmente desconocido para él, sorteando los interminables y fibrosos tentáculos de los árboles. Era como si estuviese volando en el cielo a media noche, no bajo la ciénaga en el expreso subterráneo.

Una de las veces que Scotti miró hacia arriba, vio pasar algo que se retorcía. Una criatura de casi dos metros y medio, sin brazos, sin piernas, sin color, sin ojos, sin huesos, casi sin forma, cabalgando sobre las raíces. Había algo oscuro en su interior y, cuando Scotti se aproximó, pudo ver que era un argoniano. Agitó las manos, y la asquerosa criatura en la que estaba el argoniano se aplanó ligeramente y siguió su camino.

Las palabras de Gémulo se repetían una y otra vez en su mente. "La migración invernal", "respiradero", "ser digerido"... esos eran los conceptos que bailaban en su mente, como si intentasen encontrar un sitio en un cerebro que se resistía a aceptarlos. Pero no había otra manera de ver la situación. Scotti había pasado de comer pez crudo a ser comido vivo para desplazarse. Estaba en uno de esos gusanos.

Decidió desmayarse.

Se despertó poco a poco, soñando que estaba en los brazos de una preciosa mujer que lo acariciaba dulcemente. Sonrió mientras abría los ojos, pero la realidad en la que se encontraba lo impactó.

La criatura seguía avanzando como loca, volando sobre las raíces, pero ya no era como volar sobre el cielo de media noche. Ahora era como el cielo al atardecer, en tonos rosas y rojos. Scotti recordó lo que Gémulo le había dicho, que estuviese atento a la arcilla roja, pues era señal de que estaba cerca de Gideon. Lo siguiente que tenía que encontrar eran las burbujas.

No había burbujas por ningún sitio. A pesar de que el interior del gusano era aún cálido y agradable, Scotti sentía el peso de la tierra a su alrededor. "No tengas miedo", había dicho Gémulo, pero una cosa era oír su consejo y otra muy diferente llevarlo a cabo. Cuando Scotti empezó a revolverse, la criatura aceleró su paso empujada por la presión que sentía en su interior.

De repente, Scotti lo vio justo delante de él, una espiral de burbujas que ascendían a la superficie desde una especie de fuente subterránea, directa hacia arriba, a través de las raíces que había sobre él. En cuanto el gusano de raíces entró en la espiral, Scotti tiró hacia arriba con todas sus fuerzas, intentando salir de la espesa piel de la criatura. Las burbujas hicieron que subiese rápidamente y, antes de que pudiese pestañear, estaba en la superficie.

Dos grises argonianos estaban bajo un árbol cercano, con una red en las manos. Miraron hacia donde estaba Scotti con discreta curiosidad. Dentro de la red, Scotti se percató de la presencia de unas quejosas criaturas peludas parecidas a las ratas. Mientras se dirigía a ellos, otra cayó del árbol. A pesar de que Scotti no había aprendido como hacerlo, sabía que estaban pescando.

"Perdonadme", dijo Scotti cortésmente. "Me preguntaba si me podríais indicar en qué dirección se encuentra Gideon".

Los argonianos se presentaron a sí mismos como Llama Circundante y Ramo de Verdes Hojas, y se miraron el uno al otro, confundidos por la pregunta.

"¿A quién buscas?", preguntó Ramo de Verdes Hojas.

"Creo que se llama..." dijo Scotti, intentando recordar el nombre de su contacto en Gideon, añorando la agenda que perdió en Ciénaga Negra. "Arcano Pie... ¿Rocoso?"

Llama Circundante asintió. "Por cinco piezas de oro yo muestro. Al este. Su plantación este de Gideon está. Muy bonita".

A Scotti esas le parecieron las palabras más agradable que había escuchado en dos días. Dio a Llama Circundante sus cinco piezas de oro.

Los argonianos guiaron a Scotti por un fangoso camino que atravesaba los juncos y que pronto desembocó en la brillante y azul extensión de agua de bahía Topal, hacia el oeste. Scotti observó las magnificas terrazas de cultivos, de cuyos muros florecían flores carmesí de esplendido frescor. Se sorprendió a él mismo pensando: "Esto es hermoso".

La senda se extendía paralela a un arroyo de rápida corriente que se dirigía al este desde bahía Topal. Era el río Onkobra, según le dijeron, y seguía su curso hasta las entrañas de Ciénaga Negra, en el mismísimo corazón de la provincia.

Alzando la vista por encima de las plantaciones al este de Gideon, Scotti vio que algunos de los campos estaban atendidos, pero la mayoría tenían cosechas medio podridas de recogidas pasadas que aún colgaban de las parras mustias, y huertos de desolados árboles sin hojas. Los esclavos argonianos que cultivaban los campos estaban escuálidos, débiles, casi moribundos, más parecidos a espíritus en pena que a personas de carne y hueso.

Dos horas más tardes, conforme los tres continuaban su ruta hacia el este, las fincas eran impresionantes, al menos en la distancia. El camino seguía siendo firme, aunque estaba cubierto de hierbas, pero Scotti estaba molesto y horrorizado por el estado de los campesinos y de la agricultura. Ya no sentía ninguna compasión hacia la zona. "¿Cuánto nos queda?"

Ramo de Verdes Hojas Llama Circundante se miraron el uno al otro como si esa pregunta fuese algo que no se les había ocurrido a ellos.

"¿Arcano está hacia el este?", reflexionó Ramo de Verdes Hojas... "¿Cerca o lejos?"

Llama Circundante se encogió de hombros sin responder a la pregunta y se dirigió a Scotti; "Por cinco piezas de oro yo enseño camino. Al este. Está plantación. Muy bonita."

"No tenéis ni idea, ¿verdad?", gritó Scotti. "¿Por qué no me lo habéis dicho desde el principio? Hubiese buscado a alguien que lo supiese".

Detrás de la curva que había un poco más adelante se escuchó un sonido de cascos. Un caballo se acercaba.

Scotti empezó a caminar en la dirección de donde provenía el sonido y no vio cómo Llama Circundante sacaba las garras y le lanzaba el hechizo. Pero sintió cómo le afectaba. Un helado beso dentro de la espina dorsal, los músculos de sus brazos y piernas de repente se inmovilizaron como si estuviesen envueltos en acero. Estaba paralizado.

La mayor inconveniencia de la parálisis es, como algún infortunado lector sabrá, que el afectado sigue viendo y pensando a pesar de que su cuerpo no responda. El único pensamiento que cruzó la mente de Scotti fue: "Maldición".

Dio por descontado que Llama Circundante y Ramo de Verdes Hojas eran, como la mayoría de los trabajadores en Ciénaga Negra, expertos ilusionistas. Y no estaban en buenos términos con los imperiales.

Los argonianos empujaron a Scotti a un lado del camino, justo cuando el caballo y su jinete aparecían por la curva. Tenía una figura impresionante, un noble vestido con una oscura capa verde brillante del mismo color que su escamosa piel, con una capucha que era parte de su carne le cubría la cabeza como una corona con cuernos.

"¡Saludos, hermanos!", dijo el jinete.

"¡Saludos, Arcano Pie Rocoso!", respondieron. Ramo de Verdes Hojas añadió: "¿Cómo se encuentra nuestro señor en este placentero día?"

"Sin descaso, sin descanso" suspiró Arcano. "Una de mis empleadas ha dado a luz gemelos. ¡Gemelos! Afortunadamente encontré un buen mercader que se encargó de ellos y ella no opuso mucha resistencia. Y hay por ahí un idiota de la Comisión de Obras de lord Vanech con el que tengo que encontrarme en Gideon. Estoy seguro de que querrá que le haga la ruta turística antes de que abra la tesorería para mí. Un montón de tonterías".

Llama Circundante y Ramo de Verdes Hojas lo saludaron y, en cuanto Arcano Pie Rocoso se fue, buscaron a su rehén.

Por desgracia para ellos, la gravedad tenía el mismo efecto en Ciénaga Negra que en cualquier otro lugar de Tamriel, y su rehén, Decumo Scotti, había rodado cuesta abajo desde donde lo dejaron y en aquel momento estaba inmerso en el río Onkobra, ahogándose.

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