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El oso de Markarth

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Información sobre el libro
ID 0007EB9E
Anterior La herejía artúrica
Siguiente La flecha negra, Primera parte
Valor 8 Peso 1
Autor
Habilidad
Necesario para
Facción
Localización · Mazmorras de Fellglow Keep, en un estante.
· Trono Bloodlet, en un estante.
L letter.pngos crímenes de Ulfric Capa de la Tormenta
U letter.pnglfric Capa de la Tormenta es, a ojos de muchos, un héroe por su contribución a sofocar el alzamiento de los Renegados. Se dice que, cuando el Imperio abandonó Skyrim, los nativos de la Cuenca se rebelaron (sin duda por el mal trato al que les sometían los nórdicos). Ulfric Capa de la Tormenta y su milicia estaban allí para recuperar "sus" tierras de manos de los Renegados. En vista de todas las bravuconadas altisonantes y cuentos épicos con que los escaldos componen odas de sus hazañas, cabría pensar que Ulfric sería un gigante, con una astucia, un liderazgo y una decisión comparables a las de Tiber Septim.

Pero la verdad es mucho más reveladora. En efecto, entre los años 174 y 176 de la Cuarta Era, los Renegados gobernaron la Cuenca como un reino independiente de Skyrim. Sí, lo lograron mientras el Imperio sufría el acoso de las fuerzas del Dominio de Aldmer, que le impedía enviar a las legiones a restablecer el orden. Y sí, Ulfric Capa de la Tormenta sofocó la rebelión sin ayuda del Imperio. Todo esto es cierto, pero lo que los bardos suelen olvidar en sus relatos es que el reino de los Renegados fue bastante pacífico en el lapso de aquellos dos años que estuvieron en el poder.

Es cierto que se cometieron algunos crímenes contra terratenientes nórdicos (a menudo contra aquellos acusados de ser más duros en su trato con los trabajadores nativos), pero se puede decir que, por lo general, los Renegados reinaron en sus tierras con justicia y llegaron a proponer su reconocimiento por parte del Imperio como un reino legítimo.

Una vez terminada la Gran Guerra, resulta fácil imaginarse la cantidad de cuestiones pendientes que podía tener el Imperio en asuntos de estado. Antes de que el Imperio pudiese sellar un acuerdo de paz con los Renegados, la milicia de Ulfric Capa de la Tormenta asedió su capital, Markarth. Lo que ocurrió durante la batalla fue propio de una guerra, pero lo que sucedió cuando esta terminó se puede calificar de crímenes de guerra.

Así, pasaron por la espada a todos los oficiales que habían colaborado con los Renegados, incluso tras su rendición. Las mujeres nativas fueron torturadas para que revelaran el nombre de los guerreros Renegados que hubieran huido de la ciudad o que estuvieran en las colinas de la Cuenca. De cuantos vivían en la ciudad, ejecutaron a todos aquellos que no lucharon junto a Ulfric y sus hombres, tanto nórdicos como Renegados. "O estás con nosotros, o contra Skyrim", se oía de boca de Ulfric mientras ordenaba matar a los tenderos, labriegos, ancianos y niños en edad de alzar una espada que no hubieran luchado junto a él.

Así pues, cuando el Imperio, "agradecido", aceptó la victoria de Ulfric y envió a sus soldados a restablecer la ley en la Cuenca, a nadie puede sorprender que Ulfric exigiese que se le permitiese rendir culto a Talos con libertad, como condición para que la legión pudiera entrar. Con las calles de Markarth sumidas en el caos y muertes a diario en la ciudad, el Imperio no tuvo más remedio que concederles a Ulfric y a sus hombres el derecho de culto a Talos.

Les permitimos adorar a Talos, en una evidente contravención del Concordato Blanco y Dorado firmado con el Dominio de Aldmer (que reconoce la creencia élfica de que Talos, al ser humano, no puede ser uno de los Divinos). El Imperio hizo mal el poner en peligro un tratado por el que tantos sacrificaron sus vidas en la Gran Guerra. Pero yo os pregunto, ¿qué alternativa quedaba? Contra Ulfric Capa de la Tormenta, el oso de Markarth, "no" no es una respuesta válida.

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