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De las dagas cruzadas

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Información sobre el libro
ID 000ED035
Anterior Oda a los caminantes de la tundra
Siguiente De Fjori y Holgeir
Valor 5 Peso 1
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L letter.pnga historia de Riften
L letter.pnga ciudad de Riften, situada en la margen oriental del lago Honrich, sirve para rememorar épocas pasadas. Las que antaño fueran orgullosas calles y casas, desaparecieron y se sustituyeron por estructuras de madera y áspera cantería envueltas en una bruma que jamás desaparece. Para llegar a entender cómo una gran ciudad como esta se convirtió en poco más que una pretenciosa fortaleza, es necesario buscar respuestas en los libros de historia.

Riften fue un importante núcleo de comercio para caravanas y viajeros que iban y venían de Morrowind. Era habitual ver esquifes de pesca en el lago a cualquier hora del día, y la bulliciosa ciudad continuaba con su actividad llegada la noche. La guardia de la ciudad era formidable y mantenía a raya al populacho, evitando que se produjeran daños mayores. El mercado de Riften era toda una atracción, con innumerables puestos que ofrecían mercancía procedente de toda Tamriel.

En el año 98 de la Cuarta Era, en plena confusión de las Noches del Vacío, Hosgunn Dagas Cruzadas tomó posesión como jarl tras el asesinato del jarl anterior. Aunque muchos creen que Hosgunn fue el responsable, y surgieron manifestaciones de protesta en las calles, el jarl ocupó el trono y enseguida tomó las medidas necesarias para proteger su posición. Por medio de la guardia de la ciudad, limpió las calles de manifestantes e impuso el toque de queda. Se encarcelaba sin juicio a cualquiera que infringiera esta ley y, si reincidía, era ejecutado.

Durante 40 años, Hosgunn gobernó Riften con puño de hierro y corazón oscuro. Aplicó impuestos exagerados a sus súbditos y a cualquier comerciante que quisiera vender sus productos dentro de los muros de la ciudad. Se quedó con toda la recaudación y la usó para construir un enorme castillo de madera con un lujo completamente innecesario. La construcción duró siete años y se convirtió en un símbolo de la opresión del pueblo, por lo que se ganó el apodo ce "El disparate de Hosgunn". En los últimos días de su reinado, las calles de Riften se llenaron de basura y desechos, y su pueblo fue asolado por la enfermedad y el hambre.

En el año 129 de la Cuarta Era, el pueblo se cansó. Con todos sus efectivos, lograron superar a la guardia de la ciudad el tiempo suficiente para incendiar El disparate de Hosgunn con el codicioso jarl en su interior. Cuando se reinició el combate, el fuego se extendió sin control por la ciudad. A la mañana siguiente, el pueblo se alzó victorioso, pero a un alto precio. Casi toda la ciudad estaba en ruinas, y la mayoría de sus habitantes habían muerto.

Fueron necesarios cinco años para reconstruir Riften en la pequeña ciudad que es hoy en día y, aunque desde entonces han pasado cincuenta años, aún tiene mucho que avanzar para recuperarse por completo. Muchos creen que jamás alcanzará el nivel de afluencia que experimentó al inicio de la Cuarta Era, pero aún hay quien guarda la esperanza de que Riften resurja de sus cenizas y vuelva a convertirse en un núcleo comercial.

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