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Crónica de Reman

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Información sobre el libro
ID 0001AD14
Anterior En cuanto a su pérdida
Siguiente Informe de la Comisión Imperial sobre el desastre de Ionith
Valor 20 Peso 1
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C letter.pngapítulo 1: Sancre Tor y el nacimiento de Reman
Y letter.png en aquella época, el Imperio cyrodílico estaba muerto, excepto en la memoria de algunos, debido a la guerra, la terrible hambruna y los gobernantes injustos. El oeste se separó del este y el distanciamiento de Colovia duró alrededor de cuatrocientos años. La tierra enfermó con esta separación. Los reyes occidentales, tan valiosos en otros tiempos, como el de Yunque y Sarchal, el de Falkreath y Delodiil, olvidaron sus pactos y se convirtieron a causa de su orgullo y sus vicios en una especie de barones ladrones. En las tierras centrales, las cosas no fueron mucho mejor, ya que los arcanistas y los falsos príncipes-polilla permanecían narcotizados o se habían vuelto corruptos, y ninguno ocupó el trono durante innumerables generaciones. Tanto las serpientes como sus advertencias pasaron desapercibidas mientras la tierra sangraba a causa de los fantasmas y los profundos agujeros hacia los fríos puertos. Se dice que incluso el Chim-el Adabal, el amuleto de los reyes gloriosos, se perdió y el pueblo no encontró ningún motivo para ponerse a buscar.

Y fue en este ambiente de oscuridad en el que el rey Hrol, junto a un ejército de caballeros, dieciocho menos uno, todos ellos hijos e hijas occidentales, se puso en camino desde las tierras más allá de la perdida Twil. Pues Hrol había visto en sus visiones la venida de las serpientes y trataba de restablecer las antiguas fronteras de sus antepasados. Ante él apareció por fin un espíritu que se parecía a la mismísima El-Estia, reina de las épocas antiguas, que sostenía en su mano izquierda el Fuego de dragón del Akatosh y en la derecha la joya de los pactos. En su pecho se abría una herida que separaba el vacío bajo sus destrozados pies. Y al ver a El-Estia y el Chim-el Adabal, Hrol y sus caballeros se lamentaron, cayeron de rodillas y rezaron para que todo saliera bien. El espíritu les dijo: "Soy la sanadora de todos los hombres y la madre de los dragones, pero del mismo modo que habéis huido muchas veces de mí, huiré hasta que comprendáis mi dolor, que os convierte a vosotros y a vuestra tierra en muertos".

Y el espíritu huyó de ellos. Ellos se desplegaron por las colinas y bosques para encontrarlo, afligidos por haberse convertido en villanos. Hrol y su escudero fueron los únicos que la encontraron y el rey habló con ella diciéndole: "Te amo, mi dulce Aless, dulce esposa de Shor, de Auri-el y del Toro Sagrado. Voy a intentar que esta tierra vuelva a la vida, no mediante el dolor, sino gracias a la vuelta de los fuegos de los dragones del pacto que conseguirán unir el este y el oeste librándonos de toda esta ruina". Y el escudero fue testigo de que el espíritu se ofreció desnudo al rey, y consiguió tallar en una roca próxima las palabras: "Y HROL HIZO EL AMOR ENCIMA DE UNA PEQUEÑA COLINA" antes de morir al ver su unión.

Cuando el resto de los quince caballeros encontraron al rey Hrol, le vieron muerto tras realizar su tarea encima de un montón de barro. Cada uno siguió su camino, algunos se volvieron locos y los dos que llegaron hasta su tierra natal, más allá de Twil, no comentaron nada de Hrol, del que se avergonzaban.

Sin embargo, después de nueve meses, el montón de barro se convirtió en una pequeña montaña, y corrían rumores entre los pastores y los toros. Una pequeña comunidad de creyentes se reunió en torno a la creciente colina durante los días en que se agitó por primera vez, y fueron los primeros en denominarla la Colina Dorada, Sancre Tor. Y fue la pastora Sed-Yenna la que se atrevió a escalarla cuando oyó el primer llanto y, en su cima, vio lo que había producido: un niño al que puso de nombre Reman, que significa "Luz del Hombre".

Y en la frente del niño estaba el Chim-el Adabal, vivo con los fuegos de los dragones de las antiguas y divinas promesas. Nadie se atrevió a frenar a Sed-Yenna cuando subió los peldaños de la Torre Blanca y Dorada para colocar al bebé Reman en su trono, desde donde habló como un adulto diciendo: YO SOY EL FUTURO DE CYRODIIL.


C letter.pngapítulo 2: El caballero Renald, la espada de los cerdos
Y letter.png durante los días del interregno, el Chim-el Adabal se perdió de nuevo en medio de mezquinas batallas de reyes paganos. El oeste y el este no llegaron a conocer unión alguna, y todas las tierras exteriores consideraron a Cyrodiil un nido de hombres serpiente y de áspides. Durante más de cuatrocientos años, el reino de Reman permaneció dividido, protegido tan solo por las maquinaciones de un grupo de leales caballeros que cuidaban de las fronteras para evitar que se diluyeran del todo.

A estos leales caballeros no se les conocía por ningún nombre en aquel entonces, pero eran famosos por sus espadas orientales y sus ojos pintados, y se rumoreaba que eran los descendientes del guardaespaldas del anciano Reman. Uno de ellos, llamado caballero Renald, descubrió la proeza de Cuhlecain y lo apoyó para que ascendiera al trono. Tan solo después se revelaría que Renald lo hizo para estar más próximo a Talos, que luego sería Corona de Tormenta, el glorioso emperador Tiber Septim. Más tarde también se sabría que cumplía órdenes de un cerdo.

La gloria duradera fue la única esposa que conocieron todos los caballeros del estandarte del dragón, que antes fueran hermanos repartidos por muchos mares, y ahora se convertían en hermanos según la ley llamada Rendición de armas del Paso Pálido. Y, como estos caballeros hermanos tenían sangre de vampiro, vivieron durante eras y sobrevivieron a Reman para después continuar vigilando el reino gobernado por el rey enroscado, Versidue-Shaie. El capitán serpiente Vershu se convirtió en Renald, el protector del noroeste, cuando el dardo oscuro se enganchó en Savirien-Chorak.

A partir de aquí las páginas están arrancadas, por lo que suponemos que el resto de este libro antiguo se ha perdido.

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