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Correspondencia de Charwich-Koniinge, Libro III

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Información sobre el libro
ID 0001B23A
Anterior Correspondencia de Charwich-Koniinge, Libro II
Siguiente Correspondencia de Charwich-Koniinge, Libro IV
Valor 13 Peso 1
Autor
Habilidad
Necesario para
Facción
Localización
D letter.pngía 3 de Última semilla, 411 de la Tercera Era Quietud, Roca Alta
M letter.pngi querido Koniinge:

Perdona la calidad de la caligrafía de esta nota, pero no me queda mucho tiempo de vida. Solo puedo responder con detalle a una parte de tu carta, y es para decirte que me temo que Baliasir, al contrario de lo que has oído, es muy real. Si solo hubiera sido un producto de la imaginación de ese enterrador, no sentiría cómo la vida se escapa de mí mientras escribo esto.

Lady Moorling ha mandado traer a sus sanadores, pero sé que no llegarán a tiempo. Solo necesito explicarte lo que ha sucedido para que lo entiendas, y después todos mis asuntos en este mundo habrán concluido. La única ventaja de mi condición es que debo ser breve, sin mis descripciones habitualmente ornamentadas de la gente y los lugares. Sé que al menos agradecerás eso.

Empezó cuando vine a Quietud, y a través de mi amiga lady Moorling y sus conexiones en la corte me presentaron al mismo Baliasir. Tenía que ir con pies de plomo, pues no quería que supiera de nuestras intenciones con respecto a la Estrella de Azura, que suponía que poseía después de que se la diera su sirviente, Hadwaf Neithwyr. Su función en la corte de la reina Elysana parecía ser decorativa, como la de tantos otros cortesanos, y no fue difícil distinguirme de los demás cuando empezamos a conversar sobre la escuela de misticismo. Muchos de los otros adláteres del palacio sabían hablar con elocuencia de las artes mágicas, pero solo él y yo parecíamos tener conocimientos profundos sobre ellas.

Muchos nobles y aventureros que no son magos de profesión aprenden un hechizo o dos de las útiles escuelas de restauración o destrucción. Le dije a Baliasir con bastante sinceridad que nunca había aprendido nada de eso (oh, y cómo desearía conocer ahora algún hechizo curativo de la escuela de restauración), pero que había desarrollado cierta habilidad menor de misticismo. No la suficiente para ser un psijic, claro, pero sí que tenía cierta habilidad de aficionado para la telequinesia, las palabras clave y el reflejo de hechizos. Respondió con elogios, lo que me permitió introducir el tema de otro hechizo de misticismo, la trampa de alma.

Le dije que no lo conocía, pero que tenía curiosidad sobre ese hechizo. Y de una forma muy natural y cómoda, pude sacar el tema de la Estrella de Azura, el pozo inacabable de almas.

Imagínate hasta qué punto tuve que reprimir mi entusiasmo cuando se inclinó hacia mí y me susurró: "Si eso te interesa, ven mañana por la noche al túmulo de Klythic, al oeste de la ciudad."

No pude dormir ni un minuto. Lo único en lo que podía pensar era en cómo iba a hacerme con la Estrella en cuanto me la mostrase. Todavía sabía demasiado poco de Baliasir, de su pasado o de su poder, pero la oportunidad era demasiado buena como para dejarla pasar. Aún así, debo admitir que albergaba la esperanza de que llegases, como amenazabas en tu carta que podrías hacer, con lo que podría tener a alguien con fuerza física para ayudarme en mi aventura.

Al escribir esto me voy debilitando más y más, así que debo pasar a los hechos básicos. Fui a la cripta la noche siguiente, y Baliasir me condujo por un laberinto hasta el depósito donde guardaba la Estrella. Hablábamos de forma bastante despreocupada, y como tú siempre sueles decir, parecía una ocasión excelente para una emboscada. Agarré la Estrella y desenvainé mi espada con lo que pensé que era una velocidad increíble.

Se volvió hacia mí y de pronto sentí que me estaba moviendo como un caracol. Como en un fogonazo, Baliasir cambió de forma y adoptó su verdadera apariencia, que no es de hombre ni de mer, sino daedra. Un señor daedra colosal que me arrebató la Estrella con un gesto y se rió de mi espada cuando chocó sordamente contra su piel impenetrable.

Sabía que había sido derrotado, así que me lancé hacia el corredor. Un destello azul de energía me atravesó, salido de las garras de Baliasir. De inmediato empecé a sentir la muerte. Podría haberme fulminado con un millar de hechizos, pero eligió el único que me permitiría yacer sufriendo y oírle reír. Lo mínimo que podía hacer era no darle ese gusto.

Habiendo sido alcanzado ya, era demasiado tarde para poder lanzar un contrahechizo de misticismo con el que disipar la magia, desviarla o absorberla. Pero sabía cómo teletransportarme con lo que los místicos llaman "Retirada", lo que me devolvería al lugar en el que hubiese puesto un ancla espiritual por última vez. Confieso que en aquel momento no recordaba dónde lo había hecho. Tal vez en Bhoriane cuando llegué a la Bahía de Iliac, o en Kambria, o en el Jardín de Grimtry cuando conocí al enterrador, o en el palacio de mi anfitriona en Quietud. Recé para no haber puesto el ancla por última vez cuando estaba contigo en Morrowind, porque dicen que si la distancia es demasiado grande, te puedes quedar atrapado entre dimensiones. Aún así, estaba dispuesto a correr ese riesgo antes que quedar a merced de los caprichos de Baliasir.

Lancé el hechizo y me encontré de vuelta a las puertas del palacio de lady Moorling. Estar fuera de la cripta y lejos del daedra fue todo un alivio, pero había tenido la esperanza de haber sido lo bastante listo como para poner el ancla cerca de un gremio de magos o de un templo donde pudiera encontrar un sanador. Al no tener otra opción, sabiendo que estaba demasiado débil para caminar muy lejos, llamé a la puerta y me trajeron aquí, donde estoy escribiendo esta carta tumbado en mi cama.

Al escribir estas palabras, mi querida Elysbetta, lady Moorling, ha entrado llena de lágrimas y frenética, para decirme que los sanadores llgarán en clquir momnto. Pero estré mrto ants d q llegn. Se q ests son m últim. palbs. Qrdo amgo, aléjate d ese mldito lugar.

Tu amg,

Charwich

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